Comienzo con un par de noticias que me hacen reflexionar sobre la cantidad de información y datos personales que se comparten con terceras partes, ya sea por Outsourcing, por ‘tercerizar’ servicios, o alguna otra razón, como la del viernes 30 de marzo donde información de millones de tarjetahabientes fueron robados tras hackeo a Global Payments afectando a clientes de VISA, MasterCard y American Express o esta última: “Empleado roba 228,000 registros de pacientes y los manda a su mail personal”.

De acuerdo a Miguel Tijerina Schon de Buró de Crédito, a diario hay alrededor 880 denuncias por robo de identidad y tiene su origen en tres causas principales: la física, la telefónica y la electrónica.
El IFAI está consciente de que hay un tráfico de datos pero comenta que es difícil integrar una averiguación ya que se desconoce en dónde están ubicados los comercializadores de las bases. Tengo mucha fe en que la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de
Particulares (LFPDPPP)
ayudará bastante a regular, pero por sí sola no pasarán las cosas y seguramente no en el corto o mediano plazo. Platicando con personas de diferentes niveles, en distintos contextos, se percibe una sensación de el tema se ha estado diluyendo. “Primero porque no salía el reglamento, después porque la fecha llegó y a nadie le pasó nada a nadie, ni una multa, ni un periodicazo.” 
El pecado original
¿A cuántas empresas le has dado tus datos personales, sensibles o información confidencial? ¿No tienes idea? Quizás podríamos empezar por tu
banco o bancos, tu escuela o tu trabajo, médicos y hospitales donde hayas estado, créditos donde hayas aplicado, la lista puede ser tan grande como tu memoria te dé. (continua leyendo…)