¡No andaba muerto, andaba de parranda! Esa quizá sería la frase perfecta para definir al hoy extinto-revivido (cual ave fénix) grupo hacktivista, Lulzsec. El tema es que muchos pensaron que cuando anunciaron su retiro de los escenarios del cibercrimen gran parte de los ciberataques también lo harían. Pero como podemos leer últimamente, eso en definitiva no pasó y los ataques contra diversas corporaciones, sitios de internet, gobiernos, se han vuelto una constante.

Probablemente Lulzsec, así como Anonymous y el fenómeno Wikileaks, lo que dejarán como legado –entre otras cosas- habrá sido despertar un sentimiento revolucionario en muchas personas y grupos a diferentes niveles. Platicando con gente de diversos círculos, en medios electrónicos o, siguiendo conversaciones en foros de internet, redes sociales me doy cuenta que en algunos se ha insertado una sensación de que las empresas y gobiernos “se merecen” esos ciberataques y más. Si se lo merecen o no, no lo discutiré en este artículo ya que no lo pretendo politizar, creo que para política con la maestra Gordillo basta. A mí lo que me preocupa es que hoy existan tantas herramientas y mecanismos para atacar organizaciones o robar información. ¿Por qué me preocupa? Pues porque no quiero que mi cuenta y contraseña estén publicados en sitios como Pastebin.com, o mis correos electrónicos y archivos puedan ser descargados en un archivo Torrent, ¿o ustedes sí quieren eso?

Observo que mucha gente sin siquiera conocer el fenómeno Wikileaks o Julian Assange, apoyan completamente cualquier ataque o robo de información a gobiernos o corporaciones. Ojo yo respeto cualquier postura, siempre y cuando esté bien fundamentado y no sólo por decir: “pues se lo merecen” –“¿porqué?” -“pues porque sí, porque se lo merecen”. Imaginen que sus fotos, correos electrónicos, sus cuentas, sus gastos, sus SMS, sus chats, sus mensajes directos de redes sociales, sus teléfonos y más, pueden ser subidos a sitios web (continua leyendo…)