Cuando platiqué por última vez con Gerardo Cotera Correa, en 1999, estuvimos comentando la urgencia por una nueva Ley Federal de Radio y Televisión (LFRT). No creí entonces que el tema fuese tan relevante dado que los “comunicólogos” que conozco tenían una postura muy abierta a ese respecto. Hoy las cosas son diferentes.

Me remontaré al contexto de esa misma época: “Big Brother”, la más patética distorsión de lo que alguna vez fue un respetable intento por el arte teatral, había tomado posesión absoluta del morbo de los jóvenes -y muchos no tan jóvenes- que han centrado sus pláticas en dicho programa de TV que, según afirmaban, “representa a la juventud mexicana” (hago constar que no representó ni a mis amistades ni a un servidor que nos sentimos ofendidos por tal declaración).

El vocabulario empleado en aquél programa causaba molestia en muchos y ha sido origen de análisis socio y psicológicos… Pero – jurídicamente hablando – quiero  hacer referencia tanto al Gran Hermano como a una gran cantidad de programas de TV y radio que emplean palabras procaces y cometen otras violaciones a la ley.

Al día de hoy, la LFRT no ha sido reformada en forma alguna. Los problemas de facto, sin embargo, son los mismos y, cada vez, más acentuados. La referida ley declara en su artículo cinco la función social de los medios que, aunque los “comunicólogos” sostengan que ya no es cierta esa teoría, que está superado ese concepto o que es una visión arcaica de los medios, sigue siendo una realidad legal: (continua leyendo…)